miércoles, 16 de junio de 2010

EL TELÉFONO


No lo podía evitar. A cada rato miraba la pantalla de su teléfono esperando el zumbido de llamada o mensaje.

Después de su intervención, impecable, profesional como siempre, su mente había volado lejos de aquella sala. Sus ojos fijos en el móvil; sus dedos moviendo compulsivamente la pluma.

Su extraño silencio había llamado la atención de su jefe, que escudriñaba a su pupilo intentando descubrir el misterio. El murmullo general al finalizar la reunión le devolvió a la realidad. Tan pronto todos abandonaron la sala de reuniones, él volvió a su despacho buscando la soledad que le permitía alejarse de aquel lugar que ahora le resultaba hostil. La soledad que le permitía evadirse y rememorar las escenas de aquel encuentro.

Y se preguntaba por qué. Qué le estaba pasando. Por qué su estable vida, sin sobresaltos, sin fracasos ni carencias le parecía ahora tan vacía.

Nada de lo que le rodeaba le resultaba gratificante; salvo recordar el momento en que la descubrió. Le abrumaban mil preguntas y todas ellas entorno a ella.

Qué hacer para no mirar el teléfono sin sentir la angustia de no tener noticias. Cómo controlar lo incontrolable. Cómo volver atrás, a su cómoda vida anterior. Cómo apartar de su mente aquella silueta abandonando el lugar donde su tiempo y el de ella coincidieron. Cómo atrapar un segundo para hacerlo eterno....

Y el teléfono sonó.

1 comentario:

Manuel Muñoz dijo...

Corto pero intenso.... Y es que los teléfonos se las traen....