jueves, 17 de julio de 2014
Como montar una empresa y no morir en el intento
Estaba sentada en un rincón de la cafetería tomando un té, apoyada la barbilla sobre las palmas de las manos, absorta y con una cara que combinaba la sorpresa y la desesperación.
No sabía por donde empezar a contarme la historia, que no era breve...llevaba seis meses dando vueltas para montar una empresa. Pertenece a ese grupo de jóvenes que no tiene su futuro en la primera vía: encontrar un puesto de trabajo adecuado a su cualificación. Y tampoco han optado por la segunda vía: salir del país a buscarse la vida. Entonces se lanza a la tercera, la aventura!!. Por qué no el autoempleo, montar mi propia empresa?. Decidido. A por ello!.
Entonces empezó por la idea. Esa estaba clara, definida, e incluso con un plan de negocio.
El siguiente paso era saber dónde acudía. A la agencia de desarrollo local? A la cámara de comercio? A la asociación de autónomos? Al servicio público de empleo?. Alguien tutela? Alguien aconseja? Alguien coordina?. No!. Hay que improvisar.
Más adelante tenia que conocer los leyes que afectan a la actividad: nacionales, regionales, locales, normativas, reglamentos, ordenanzas, naturalmente, diferentes según el ayuntamiento. Las condiciones en un municipio no coinciden con las de otro. Los requisitos tampoco. Si es un interlocutor la respuesta difiere de la de otro. Ventanilla única? No!. Un viacrucis de visitas a otras tantas ventanillas.
Y llegó el momento de los trámites: por un lado el ayuntamiento, por otro tres conserjerías diferentes con distintos informes, proyectos, licencias, documentación....Teletramitación?. No, nada de pdf's por correo electrónico. No!. Originales, entregados en mano y con el tradicional sello administrativo.
Ni siquiera había llegado al paso crucial de la financiación y ya estaba agotada, decepcionada, desesperanzada, desorientada. Un proyecto ilusionante, el futuro en sus manos y ni siquiera lo había llegado a tocar con las yemas de los dedos, perdida como estaba en la burocracia, la legislación, la administración.
En ese momento en la televisión salía el presidente...."nuestro plan de apoyo al emprendimiento...", "trabajamos para mejorar el empleo juvenil...", "hemos reducido las trabas burocráticas"....
Mi joven amiga giró su vista hacia la pantalla, se encogió de hombros y me dijo: sabes si hay una cuarta vía?
viernes, 11 de abril de 2014
NUBES EN EL CIELO II
Cuando me encontré con "su" mirada todo se agolpó en mi cabeza: imágenes furtivas, sonrisas, caricias y su olor. El olor de sus tostadas entre las sábanas; el olor de sus besos de madrugada; el olor de sus dedos entre mi pelo.
Eso que dices que "lo que sucede
conviene" es verdad. Es mejor que no puedas venir. Yo he hecho como
siempre: escribir, llorar, hablar de frivolidades, callar y seguir adelante.
Ave Fénix.
Aquellos dos días en la montaña habían sido toda una vida. Me habían devuelto a la vida. Nada existía a nuestro alrededor más que aquella habitación y lo que se alcanzaba a ver por la ventana.
Cosquillas
en la espalda, los dedos rizando el pelo, dos besos en el lóbulo,
caricias en el cuello y me duermes. Luego me giras, de lado y respiras en mi nuca...Al rato me separo, lentamente, para dormir tranquila. Me acurruco en una esquina, no ocupo mucho sitio. No me muevo. No hago ruido...es como si no estuviera. Esperas que me duerma profundamente y comienzas a viajar por mi espalda. Tu sonríes y me susurras "soy un explorador por el mapamundi de tu espalda". Te das la vuelta y ... a dormir! mientras dices "Duérmete,
cariño. Que sueñes con estrellas fugaces que conceden deseos".
¿Dónde quedó aquello?. ¿En un rincón de mi memoria, dándome vida gota a gota en el recuerdo o matándome golpe a golpe en la nostalgia?
Esos ojos estaban frente a mí de nuevo, clavando su intensidad en los míos sin saber hasta dónde de profundo era el dolor o la pena o la rabia o la esperanza.
miércoles, 6 de noviembre de 2013
MAÑANA NO RECORDARÁS NADA. Parte III
Estaba sentada en un banco del parque frente a mi casa. Sólo con levantar ligeramente la cabeza podía ver mi balcón, donde me asomo para respirar la mañana y recuperar la presencia en el mundo. Cerca, los niños jugaban ajenos a mi, al resto de habitantes alrededor, ocupados sólo en reír, moverse, aprender nuevas sensaciones. De mi bolso saqué un pequeño cuaderno elaborado artesanalmente que me había regalado una amiga hacía unos meses. Blancas; sus hojas estaban blancas, deshabitadas, inexpresivas. Entonces decidí dejarme llevar para que mi mano dibujara un nuevo paisaje con los bosques, las playas, las praderas de mi pensamiento, de mi alma abierta.
"Me siento atrapada. Atrapada en unas circunstancias que no me son hostiles pero que me ahogan. En realidad no son las circunstancias sino cómo las vivo yo: con insatisfacción, con recelo, a veces incluso con angustia. ¿Por qué ahora las veo tan lejos de mi vida si forman parte de ella?. Todo se ha ido desmoronando en mi interior en silencio, sigilosamente, sin apenas percibirlo hasta que, de repente, me ha aporreado la puerta.
Necesito tiempo y serenidad para recolocar las piezas de este puzzle y volver a verlo como un todo donde cada una encaja en su lugar. No es la primera vez. Hasta ahora siempre he salido victoriosa de esa sensación de estar fuera de lugar y de tiempo; de haber fracasado en el éxito....igual el éxito no era un fin sino un medio y no lo entendí. Igual mi objetivo es el reto continuo, imponerme metas y conseguirlas para volver a empezar....Por eso esta sensación de vacío, de necesitar un cambio de todo lo que he perseguido y he conseguido. No lo sé muy bien...cuánta contradicción!.
Me siento cansada. Cansada de mi propio peso, del carácter fuerte, enérgico, resistente, en el que parece que no hay cabida para la debilidad, la vulnerabilidad. Y sin embargo siento, palpito, sufro, me caigo, lloro. ¿Por que me avergüenzo de mostrarme así, tan normal cuando no hay nada excepcional en mi?. Me he creído capaz de todo, para mí, para los míos. Dispuesta a todo, sin horizonte ni obstáculos; incluso sin tiempo porque el tiempo no me paraba. Debo pensar que también yo (incluso yo), necesito un hombro, un apoyo, un consuelo sin verlo como un fracaso, una flaqueza, un error imperdonables.
Necesito menos vanidad y más sinceridad. Mirarme más al espejo y verme los ojos, con una mirada más cansada pero más profunda. Y comprobar que las manos que han tocado tanto y han percibido la fuerza, el miedo, la ternura siguen siendo mis manos. La boca que tuvo que callar mucho y hablar más sigue siendo mi boca. Y darme cuenta que son mis ojos, mis manos, mi boca como tantos ojos, manos y bocas que también han llorado, han acariciado y han besado. En realidad lo sé; sé que debo aceptar que sólo me queda abandonar esa senda intransitable de querer lo que no puede ser querido y caminar, un pasito cada día, por el único camino que tengo ante mí, real, tangible, y que es mío, que me pertenece no tanto por mérito como por destino.
La marea sube, arrasa, y vuelve a bajar, dejando a su paso su rastro....y la calma".
lunes, 7 de octubre de 2013
MAÑANA NO RECORDARAS NADA. Parte II
Cuando llegue a casa apenas empujé la puerta con el pie para cerrarla, corrí a mi habitación. Allí, en el último cajón del "chifonier", al fondo, conservaba una copia de aquella carta que le envíe. La guardaba para leerla y releerla cada noche tiñendo su papel con nostalgia salada. Esa rutina, como un ceremonial, me permitía soltar lastre, perder un cachito de pena en cada lectura, dar un paso que me alejara de aquel punto.
Me senté en una esquina de la cama y la abrí con cuidado, lentamente, como intentando evitar que las palabras se liberaran de la cárcel de su tinta.
Querido Antonio:
Ya ves que vuelvo aquí, donde empezó, todo. Un simple trozo de papel. No es que no sea capaz de decirte todo esto mirándote a tus ojos indiferentes. O que tu mires los míos llenos de lágrimas. Lo hago porque quiero cerrar este capítulo de mi vida tal como se abrió.
No puedo cambiar; no quiero. Pensé que era "ella". Esa para la que tenías tu primer pensamiento de la mañana y el último de la noche. Aquella con la que lo malo sería menos malo y lo bueno infinitamente mejor. Que sería tu confidente y tu consejera, a la que no le ocultarías ni tus sentimientos, ni tus preocupaciones, ni tus miedos, ni tus proyectos ni tus ambiciones porque todos los compartiría contigo. Dejarían de ser tuyos para ser de los dos. Pero no.
Y no puedo cambiarte; no quiero. Tu no das sin antes de recibir. En tu vida no hay hueco para la compañía, para el abrazo, para la mirada salvadora, para el consuelo tuyo y mío. Tu mundo es solo tuyo y en él no hay cabida para la complicidad pero será una trampa para ti también. Porque eso genera incertidumbre, recelo y desconfianza entre los dos. Siempre. Y si el amor tiene sangre esa es la fe en el otro por encima de todo.
No sé si se puede aprender a querer. Ni tampoco si hay gente capaz de querer siempre o incapaz de querer en toda su vida. O tal vez es algo que sólo nace cuando encontramos a la persona adecuada. Tal vez no sé quererte; no sé entenderte. Lo que sí sé es que yo he querido, profundamente, y estoy segura de que volveré a hacerlo.
Debo ver las experiencias como un bien en sí mismo, incluso aunque sean experiencias que duelan. Sólo así podré asumir las consecuencias de mis decisiones con total conciencia.
Un beso suspirao. Para siempre.
Ahora, inexplicablemente, inesperadamente, mis palabras estaban viejas. Debían mudarse a otro lugar donde todo era más luminoso y primaveral. Porque todo cambió aquél día; aquél jueves en que él dijo "te quiero" como si fuera el primer "te quiero" que soplaba el viento
lunes, 16 de septiembre de 2013
MAÑANA NO RECORDARAS NADA. Parte I
Cojo el tren cada día para ir al trabajo. Me gusta. Es
cómodo, me permite tener tiempo para leer, o simplemente mirar y admirar el
paisaje.
Somos casi siempre la misma gente. Ya nos conocemos.
Sabemos quién se sube en cada sitio aunque no sepamos de dónde viene y a dónde
va. Nos damos los buenos días y nos observamos de reojo. Somos gente
desconocida que cada día compartimos algo. Todos parecen gente normal,
arrastrada por su rutina cotidiana. Como yo.
Me levanto, me ducho, recojo la habitación, me tomo mi primer café
escuchando las noticias y subo al tren. A veces se nota que alguien ha dormido
poco cuando se sienta en una butaca cualquiera y tiene ojeras y cara de
malhumor. O que tiene un día intenso cuando apenas se ha sentado y ya saca
papeles, aprovechando cada minuto como si fuera a perder tiempo en el trayecto.
Pero seguro que todos guardan sus historias como tesoros; historias interesantes
o aburridas; normales o extraordinarias, escondidas en su mente y en su
corazón. Como yo.
Hoy es un jueves normal, como tantos otros. Y me he
levantado como todos y como todos me he duchado, recogido la habitación, tomado
mi primer café oyendo las noticias. Y me he subido al tren. Mis compañeros de
viaje me han dado los buenos días sin saber lo especial que es este jueves.
Ellos no lo saben y no lo notan como yo no se si hoy es un jueves especial para
ellos. Si guardan en su mente y en su corazón unas palabras que se repiten y
martillean a escondidas. Parecemos como
cada jueves o cada martes....Parecemos normales, arrastrados por la
rutina.....Pero no. Podemos esconder algo extraordinario que ocupa todo el
pensamiento.
Te quiero.
Repetido una y otra vez como se ha dicho, oído, sentido, durante miles de años por millones de personas. Pero este era para mí.
Inesperado, súbito, loco.
Te quiero
Pero ¿por qué ahora?. Ahora ya no esperaba nada; incluso
no deseaba nada. Todo había pasado y estaba ahí, en el pasado. Ya no había en
el presente ningún rincón que aspirara a él. No era resignación; ni tan
siquiera aceptación. Era, simplemente, pasado.
Y aparecía ahora, de repente, cuando ya los días
amanecían sin esperarle. Había dado un salto hasta aquí para seguir vivo de
nuevo como si no hubieran pasado los años, los suspiros, los deseos.
Nadie en el tren lo sabía. Leyendo, hablando, pensando a
través de la ventana. Y no lo sabían. No sabían que yo, este jueves, respiraba
un aire distinto, miraba un paisaje distinto, latía un corazón distinto.
viernes, 17 de mayo de 2013
FINANCIACIÓN AUTONÓMICA
Nos jugamos los dineros de Cantabria para los próximos años
El actual modelo de financiación autonómica, es decir,
cómo se reparte el dinero a las CCAA, tiene vigencia hasta el 31 de diciembre
de este año. Por tanto, todo está en plena discusión para acordar el nuevo
sistema que funcionará los próximos años. Todo está en discusión y en todas
partes excepto aquí. En Cantabria hay un secretismo absoluto sobre cuál es la
postura de nuestro Gobierno y cuáles los criterios que van a defender en el
Consejo de Política Fiscal y Financiera. Lo único que ha dicho nuestro
Presidente al respecto es que luchará por nuestros intereses "hasta donde
sus capacidades alcancen". Lamentablemente los precedentes sobre sus
"capacidades" reivindicativas no nos permiten ser precisamente
optimistas.
Actualmente Cantabria es la región que más dinero recibe
por habitante. Tal es así que hay regiones, como Murcia y Comunidad Valenciana
que no pierden ocasión de protestar por ello, acusando al actual sistema de
injusto. Por ello insisten en que el próximo modelo deberá ser más equitativo.
Cataluña ya esta negociando con Montoro en reuniones bilaterales
"discretas" (yo diría más bien "secretas"). Mientras,
nuestros gobernantes callados. Nuestro
Gobierno no mueve ficha. ¿Eso significa que Cantabria deberá ceder ese primer
puesto en beneficio de otros?.
Cantabria goza de esa situación porque se la compensa por
características como la dispersión, orografía o envejecimiento que encarecen
los servicios respecto a otras CCAA. No
es un regalo; es un criterio justo. Por consiguiente lo equitativo no es
recibir lo mismo sino recibir lo que se necesita para atender los servicios en
igualdad de condiciones: no cuesta lo mismo hacer una carretera aquí que en las
Castillas; o llevar agua a un pueblo de Cantabria que de Madrid; o la atención
sanitaria a nuestra población
(envejecida) que en Cataluña.
Y el Gobierno silente. Le preguntamos en el Parlamento y
solo recibimos tibieza y vaguedades. Le ofrecemos consenso entre todas las
fuerzas parlamentarias, como el que han alcanzado en Castilla y León o en
Asturias y mira para otro lado.
No es una cuestión menor. Nos jugamos los recursos de
nuestra región para los próximos años. Con merma de recursos, y más en estos
tiempos, necesariamente habrá merma de servicios y de eso ya estamos bien
servidos como para añadir más recortes.
Seguiremos insistiendo
en esta cuestión. Nosotros no estaremos silentes y exigiremos una posición
firme en Madrid para defender la financiación de Cantabria.
miércoles, 27 de marzo de 2013
NUBES EN EL CIELO I
Ese día amaneció nublado, con unas nubes amenazantes por el negror y la proximidad. Por un momento, mientras tomaba mi café matutino, ese que disfruto como ninguno, pensé en dejar para más avanzada la mañana el paseo con Gordon. No me atraía nada la idea de tenerme que abrigar tanto, llevar paragüas mientras él olisqueaba por todas las esquinas del parque. Pero mi miró con esos ojos suplicantes como si supiera con certeza los derroteros de mis pensamientos y me rendí.
-No te preocupes, Gordon. Que sí, que enseguida salimos. Anda, ve a buscar la correa!!.
Demostrando ser un perro bien adiestrado, salió del salón donde yo disfrutaba de los últimos sorbos para volver pocos instantes después con la correa en la boca. Se tumbó desplomándose sobre la alfombra levantando la mirada de vez en cuando esperando mi señal. Ésta no tardó y él, como movido por un resorte, se levantó inmediatamente para correr directamente a la puerta.
-¡Qué pereza!- dije en alto, como si esperara que mi golden me liberara de la salida que parecía incomodarme tanto. Sin embargo recogí mi abrigo del perchero; me puse el sobrero de agua como mejor alternativa al engorroso paragüas y abrí la puerta.
En el rellano me encontré con el vecino del piso de arriba. Como buen madrugador ya vendría de la calle con el café tomado y la prensa ojeada. "Que no se enrolle, por favor", pensé para mí, como en un conjuro. No, no dijo más que un correcto "buenos días" y siguió subiendo las escaleras mientras yo presionaba el botón para llamar al ascensor. "Yo también debería usar más las escaleras"-seguí pensando. Pero ni Gordon ni yo nos movimos de delante de las puertas del ascensor.
En la calle no hacía tan malo como sospechaba desde la ventana del salón. La temperatura, aunque no era cálida, me permitía pasear sin abotonarme el abrigo. "Qué bien, no me gusta nada sentirme prisionera en un abrigo". Crucé la calle que me llevaba directamente al pequeño parque frente a mi edificio.
Aún quedaban un par de semanas para la primavera pero ya empezaban a verse los primeros brotes en los árboles y los jardineros municipales ya habían plantado flores de mil colores en los parterres solitarios del invierno. Comencé a alegrarme de no haberme dejado vencer por la pereza. El parque estaba animado; había gente sentada en los bancos; jóvenes lanzados a eso del deporte urbano; mamás y papás empujando sillas de bebés y otros, como yo, paseando a sus perros.
Gordon es un perro muy tranquilo y disciplinado; raramente reacciona con otros perros ni altera el ritmo del paseo que impongo yo. Sin embargo, de repente, dió un fuerte tirón que me pilló desprevenida. Se lanzó a la carrera a toda velocidad con las orejas hacia atrás y el rabo horizontal como si fuera un timón. Incapaz de reaccionar decidí soltar la correa y enseguida me quedé atrás mientras Gordon corría y corría. A lo lejos el ví parar, justo al lado de la fuente donde un señor esperaba pacientemente que su perro bebiera del agua que rebosaba de la balsa inferior.
A medida que me acercaba notaba mi enfado cada vez más evidente. "¡Qué demonios le pasa a éste!. ¡Con lo que me ha costado salir de casa con este día!.¡Cuando le pille se va a enterar!.¡Casi me disloca el hombro!". Y así, refunfuñando, llegué justo al lado de la fuente donde estaba Gordon, el señor y su perro. Antes de que alcanzara a coger la correa que arrastraba entre las patas el señor se agachó, la recogió del suelo y me la entregó extendiendo la mano. Cuando me disponía a darle las gracias descubrí una mirada que ya conocía. Los ojos no parecían los mismos, pero la mirada era "su" mirada. La sorpresa se mezcló con el recuerdo, con la alegría y después con la nostalgia, la melancolía para acabar con la rabia y la pena.
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