martes, 13 de julio de 2010

ESTAMOS CON LA ROJA


Desde todos los rincones de España y muchos del mundo, con el mismo entusiasmo y el mismo ímpetu, casi unánimemente, se grita: ¡Estamos con la Roja!. Ha sido una enorme alegría. Estamos más acostumbrados a la resignación que a la celebración. Pero cuando toca ésta, lo hacemos a lo grande. Lo vimos ayer con el recibimiento a la selección española que nos traía desde el continente africano cinco kilos de oro que saben a gloria.



Se ha dicho todo lo que se puede decir sobre el efecto de cohesión que ha supuesto este campeonato. Nos ha devuelto la ilusión, nos ha confraternizado entorno a una bandera que, siendo de todos, no lo parecía. Ha entronizado a un equipo de jóvenes que han hecho piña y han puesto sus virtudes al servicio de un objetivo colectivo. En fin, todo esto se ha dicho y estoy segura de que se seguirá diciendo durante mucho tiempo. Porque nunca lo habíamos logrado antes y eso le da un valor añadido.



De lo que no estoy tan segura es de si somos capaces de extraer la moraleja de todo esto. Debiéramos reflexionar un momento sobre la clave del éxito de este equipo Un equipo plagado de grandes jugadores que han antepuesto el objetivo del grupo a sus intereses individuales; que han sabido recomponerse tras el fracaso y perseverar en el esfuerzo; que han trabajo conociendo sus virtudes y reconociendo las ajenas con la humildad necesaria para superarlas; que han ejercido un juego limpio sin trampas ni atajos, sino con esfuerzo y disciplina.



Todo esto debiéramos extrapolarlo a nuestro país y nuestra situación. La casualidad ha querido que coincidiera en el tiempo con los exacerbados enfados nacionalistas del “no te junto” al que debemos responder con la Constitución; y con una situación económica de una gravedad sin precedentes a la que debemos responder con sacrificio y esfuerzo. Porque está demostrado: juntos podemos ganar el Campeonato del Mundo.

miércoles, 23 de junio de 2010

HOY PUEDE SER UN GRAN DIA


En realidad no nos damos cuenta. No somos conscientes de lo grandes que son las pequeñas cosas.

Disfrutar de un día luminoso después de tanta lluvia; tomar un buen helado cuando aprieta la sed; mirar la grandeza de un peñasco rasgando soberbio el cielo; la brisa dando el primer color a nuestra cara; cantar desentonadamente la música que nos devuelve al pasado; reir a carcajadas hasta llorar; saborear una buena carne; pasear, sin prisa, tranquilamente.

En realidad no nos damos cuenta. No somos conscientes de lo grandes que son las pequeñas cosas.

Y se hacen más grandes, mucho más grandes, si tenemos con quien disfrutarlas, con quien compartirlas. Si tenemos momentos comunes, historias comunes, recuerdos comunes. Si vemos alegría en sus ojos, una sonrisa en su boca, serenidad en su rostro, satisfacción en su compañía. Y nosotros por eso estamos más alegres, más sonrientes, más serenos, más satisfechos.

Tenemos que vivir las pequeñas cosas; porque las grandes, muchas veces, no se viven, sólo se sueñan.

miércoles, 16 de junio de 2010

EL TELÉFONO


No lo podía evitar. A cada rato miraba la pantalla de su teléfono esperando el zumbido de llamada o mensaje.

Después de su intervención, impecable, profesional como siempre, su mente había volado lejos de aquella sala. Sus ojos fijos en el móvil; sus dedos moviendo compulsivamente la pluma.

Su extraño silencio había llamado la atención de su jefe, que escudriñaba a su pupilo intentando descubrir el misterio. El murmullo general al finalizar la reunión le devolvió a la realidad. Tan pronto todos abandonaron la sala de reuniones, él volvió a su despacho buscando la soledad que le permitía alejarse de aquel lugar que ahora le resultaba hostil. La soledad que le permitía evadirse y rememorar las escenas de aquel encuentro.

Y se preguntaba por qué. Qué le estaba pasando. Por qué su estable vida, sin sobresaltos, sin fracasos ni carencias le parecía ahora tan vacía.

Nada de lo que le rodeaba le resultaba gratificante; salvo recordar el momento en que la descubrió. Le abrumaban mil preguntas y todas ellas entorno a ella.

Qué hacer para no mirar el teléfono sin sentir la angustia de no tener noticias. Cómo controlar lo incontrolable. Cómo volver atrás, a su cómoda vida anterior. Cómo apartar de su mente aquella silueta abandonando el lugar donde su tiempo y el de ella coincidieron. Cómo atrapar un segundo para hacerlo eterno....

Y el teléfono sonó.

viernes, 11 de junio de 2010

PERDÓN POR HABLAR DE POLÍTICA: OPORTUNIDAD Y OPORTUNISMO




Está claro que ahora o nunca; éste es el momento: el momento del AVE. Porque así lo prevé el Plan Estratégico de Infraestructuras y Transportes del Ministerio de Fomento. Porque todas las Comunidades o cuentan con él o lo tienen a las puertas. Y porque es fundamental disponer de esta infraestructura para el desarrollo económico de nuestro país. Por todo eso, la reclamación del AVE a Cantabria es indudablemente oportuna.


La banda sonora de la campaña electoral del Partido Regionalista fue el tren. Y no nos costó pocos chascarrillos que digamos. Como tantas otras veces, nuestra reivindicación al grito de “queremos tren” fue motivo de mofa para muchos. Y llegados al momento de la negociación, fue la pieza clave del acuerdo de Gobierno con el Partido Socialista de Cantabria, ratificado por Madrid. El Partido Regionalista buscó la oportunidad para hacer posible lo que entendíamos era imprescindible para nuestra tierra, conseguidos ya objetivos anteriores.

A lo largo de estos últimos años, todos los pasos han ido encaminados a la consecución de este fin. Nuestro tren ha llegado ya hasta Valladolid. Y se han seguido todos los trámites administrativos necesarios para que rinda viaje a Cantabria. Pero queremos que llegue precisamente por donde interesa prioritariamente a Cantabria que llegue, por más que nos alaben la bondad (que la tiene) de otras alternativas. Lamentablemente, todos conocemos los últimos acontecimientos que nos han vuelto a relegar a la ciudadanía de segunda.


Y llegados a este punto, nos encontramos a quienes hacen oportunismo de la oportunidad. Los mismos que en 2007 ridiculizaron nuestra reclamación, hoy se arrogan el monopolio de su demanda. Los mismos que critican el acto regionalista en Monzón y dos semanas después anuncian liderar la lucha por la alta velocidad. Los mismos que rehusaron apoyar la iniciativa regionalista a favor del AVE y un día después presentan su propia iniciativa con idéntico contenido.

Oportunidad y oportunismo; el mismo origen etimológico, pero muy distinto significado. Lo verdaderamente oportuno (conveniente, puntual, exacto) y muy alejado del oportunismo (que sacrifica los principios a las circunstancias) habría sido que, como hicieran los partidos de las comunidades vecinas nuestras, todos los grupos con representación parlamentaria hubiéramos alcanzado el consenso en este asunto. Las ataduras paralizantes de unos y el ridículo juego político de otros no lo han permitido.

Entretanto, conocidas las intenciones del Ministerio, los regionalistas nos hemos mantenido exactamente en el mismo punto. En las sucesivas iniciativas parlamentarias hemos reclamado lo mismo, con los mismos y contundentes argumentos y sin cambiar el sentido de nuestro voto: a favor del AVE. Aquí no valen “si pero no” ni “yo primer”. Aquí no valen excusas para justificar abstenciones ni circunloquios para envolver los votos en contra.

En definitiva, no podemos permitirnos perder esta oportunidad.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Y LLEGÓ LA RED


Como dice Saramago, cada día es un presente; distinto, pero un presente. Hoy es presente y ayer lo fué, como lo será mañana. Parece un enredo, un juego filosófico un poco absurdo. Pero es una realidad con la que necesito contar para tener los pies en el suelo. Para saber que debo vivir cada unos de mis días, cada uno de mis minutos porque los míos sólo los puedo vivir yo. Y son mi presente como lo es de todos los que respiramos al mismo tiempo. Me rebelo contra eso de "en mis tiempos...". Porque mientras estoy aquí, viva, consciente de mi alrededor estoy en mi tiempo.

Sin embargo, hay que admitir que tan cierto como eso es que las cosas, las situaciones, las realidades evolucionan, cambian de forma imparable, a veces a una velocidad de vértigo. Y todos debemos amoldarnos a los nuevos ritmos. No quiero decir doblegarnos, o aceptarlo todo sin más condición, sino adaptar nuestra vida y nuestra concepción de ella a las circunstancias.

Ahora los niños crecen jugando con el ratón como antes lo hacían con los "pinypones". En cambio mi primer ordenador llegó a mis manos cuando hacía tiempo que había dejado de ser niña. Desconocía totalmente el inmenso mundo que habría ante mí aquella pantalla, como si fuera una ventana al universo infinito; pero lo incorporé a mi vida cotidiana con curiosidad y sin dificultad.

Hoy abro esa ventana cada día de par en par porque quiero ver todo lo que hay fuera. No quiero perderme nada de lo que hoy pasa en el mundo. Quiero saberlo para decidir lo que me gusta y lo que no. Quiero participar en lo que pueda cambiar. Quiero hacer crítica o hacer piña y hacerlo con la ilusión de los veinte años y la experiencia que me han dado los veinte siguientes.

Todo ha cambiado, pero éste también es mi tiempo y lo quiero vivir activamente.

miércoles, 12 de mayo de 2010

LLUEVE



Cuando era pequeña solía aplastar mi nariz en el cristal de la ventana cada vez que había tormenta. Me parecía todo un espectáculo observar los impresionantes rayos cayendo aquí y allá, caprichosamente; solía contar los segundos que pasaban hasta que oía el estrépito de los truenos, que me sobrecogían como si fuera el rugido de un gigante mostruoso; y ver admirada como caía el agua, a veces como acariciando y otras golpeando con energía mientras yo, protegida, permanecía seca y al abrigo de la casa caliente.


Ahora, sin embargo, me despierto sobresaltada cuando la tormenta, con todos sus elementos desplegados, hace vibrar las paredes, golpetea en las ventanas e ilumina la habitación por unos instantes. Sigo estando protegida y caliente, como entonces. Pero sin embargo, necesito encogerme como si me hiciera pequeña de nuevo. Sé que no siento frío, que la lluvia no me moja ni los rayos me alcanzan. Pero me siento insegura.
Hago un repaso mental confirmando que toda la familia está a buen recaudo y respiro tranquila. E inmediatamente, inevitablemente, pienso en todos aquellos desafortunados que no tienen una ventana desde la que mirar la tormenta.
Ya no es un espectáculo admirable; el cielo gris, sin luz, pendiendo sobre nuestras cabezas amenazante inunda de melancolía mi ánimo. Por suerte, siempre pienso que el azul brillante se impondrá finalmente para ver las montañas, el horizonte, hasta donde me alcance la vista porque así es siempre, años tras año, estación tras estación. Y es lo que nos da vida: la lluvia y el sol.

lunes, 10 de mayo de 2010

LOS JUZGADOS, LOS JUICIOS Y LOS JUECES



Los juzgados, los juicios y los jueces siempre han sido noticia. Pero últimamente han ido adquiriendo una mayor notoriedad por la relevancia de algunos casos que están en la palestra política y en las portadas de la prensa. Ahí están los casos Matas o Gürtel; el Tribunal Constitucional; el caso (o más bien casos) del Juez Garzón; en Cantabria los casos de derribo o la paralización de la variante de Comillas.



Como todo, hay diferentes criterios y argumentos para cada postura, seguramente fundados. Yo, honestamente, debo confesarme absolutamente lega en la materia, por lo que, a falta de mejor juicio (nunca mejor dicho), procuro aplicar la lógica y el sentido común. Y ambos me llevan a una obviedad: a todos los ciudadanos se les debe conceder la presunción de inocencia en tanto no se pruebe su culpabilidad; los procesos a los que se les someta deben seguirse con todas las garantías del Estado de Derecho; y que, entre los ciudadanos, lógicamente, también se incluyen los jueces que cuentan con los mismos derechos y están obligados a las mismos deberes.



A los juzgadores, por su parte, les es exigible objetividad y rigor en su instrucción así como ponderación en el juicio que debe ajustarse en todo momento a las leyes; y hacerlo limpios de cualquier otra afectación ideológica, religiosa o política, puesto que son los garantes de su cumplimiento.



Creo que esto, como digo, es una obviedad y nadie lo discute. Sin embargo, aunque todos partimos de las mismas premisas cada uno de nosotros llegamos a conclusiones diferentes. No hay más que leer a diario las distintas posturas de unos y de otros, a veces enconadas y agrias. El Juez Garzón es el paradigma de la contradicción entre unas posiciones y otras: víctima de una venganza y persecución o ciudadano sujeto a las leyes sin más trastienda. La demora del Tribunal Constitucional en definir una sentencia definitiva levanta ampollas entre los nacionalistas y los partidos socialista y popular, especialmente por la no renovación de algunos de sus cargos y la ideologización de sus miembros. Las diferencias parecen irreconciliables.



En los casos de Cantabria, las sentencias han despertado desacuerdos más o menos explícitos por el perjuicio económico y social que provocan. Le siguen recursos para la revisión de las sentencias y propuestas para solucionar las irregularidades administrativas que las ocasionaron.



En definitiva de lo que se trata es de que el poder judicial, como pilar fundamental del Estado (junto al legislativo y el ejecutivo) debe actuar, por su propia naturaleza, con objetividad y valorando todas las premisas y condicionantes que entran en juego. Sin embargo, en muchas ocasiones difícilmente pueden sustraerse a presiones de todo tipo y en todos los sentidos, igual que los otros poderes. Y además, cada día con más frecuencia, también está sometido a la crítica y a la opinión pública, por poco que guste ejercer la responsabilidad bajo la lupa de todas las miradas; de igual modo que lo están Gobiernos y Parlamentos.



Como ejercicio humano que es, la justicia no es infalible. Por eso el mismo procedimiento jurídico prevé mecanismos que garantizan la posibilidad de corrección o rectificación en otras instancias.


Con todo esto quiero decir que en todo momento se deben respetar las resoluciones judiciales; que se debe dejar trabajar a la justicia en el ejercicio de su soberanía e independencia. ¡Cómo no!. Pero que también se debe aceptar como normal que los ciudadanos sometidos a ella puedan diferir de su criterio y utilicen todos los medios legales a su alcance para su defensa. Y cuando se trata de sentencias que afectan a colectivos, con mayor motivo porque las consecuencias de sus decisiones son más relevantes. Ello exige que se contemple (como seguramente así es) el bien común como consideración fundamental. Que se encuentre el equilibrio de su símbolo, la balanza, para que el edificio se mantenga sólido.