lunes, 13 de agosto de 2012

La España de las regiones

Aquello de una mentira mil veces repetida se acaba convirtiendo en verdad es una famosa frase  de Goebbels que se ha transformado en un axioma.
En los últimos años hemos sido testigos de muchos ejemplos. El ultimo, o al menos el más repetido últimamente y como casi todos, poco inocente: "las autonomías son las causantes de la deuda de España". Y decir eso es condenarlas a ser vistas como la ruina del pais. Sin embargo esta muy lejos de ser verdad.


Veamos. Datos del banco de España:  

Deuda publica española total en el primer trimestre de 2012:  72,1% del PIB
Deuda de la administración central:  55,2 %
Deuda de las autonomías:  13,5 %
Deuda de los ayuntamientos:  3,4 %

Esto evidencia a las claras que lo que se esta diciendo sencillamente no es verdad. La mitad de la deuda publica española la aporta la administración central; y eso a pesar de que las competencias de mayor gasto (sanidad, educacion y servicios sociales)  están en manos de las CCAA.  Además es a las regiones a quienes se pide mayor sacrificio:  mientras  la Comisión europea ha flexibilizado las exigencias de deficit a España elevándolo al 6,3 % para este año 2012, el Ministerio de  Hacienda no ha sido tan generoso con las CCAA manteniendo el limite para éstas en el 1,5%.  Motivo por el que algunas de ellas,  incluídas algunas del PP, han mostrado su desacuerdo con la decisión del ministerio. No así Cantabria que ha aceptado sin rechistar la decisión unilateral del Sr. Montoro.

En definitiva: la administración central por si sola es la causante de más de la mitad de la deuda española y además se reserva para ella la flexibilidad que ha concedido Europa.  Por tanto aquí no tiene cabida culpar a las CCAA de arruinar el país.

Entonces ¿a que se debe este ataque sistemático y frontal contra las regiones? Se quiere convertir en una verdad a base del repetirlo por razones ideológicas, meramente políticas.  Ahora se está aprovechando la difícil coyuntura del país por aquellos que nunca fueron proclives a la descentralización porque  consideraban  que la España de las regiones destruía la cohesión del país. Algo que, como lo anterior, es igualmente falso.  Antes al contrario, el sentimiento autonomista no ha dañado el valor de pertenencia a España. En todos estos años el nacionalismo de regiones como Cataluña, Pais Vasco y en cierta medida Galicia sigue siendo el mismo de la época pre-autonomista. Y se ha demostrado que en la mayoría del territorio español conviven sin conflicto ambos sentimientos. 

Todo esto no es óbice para que se deba reflexionar sobre  la estructura del Estado. En tiempos de bonanza importaba menos que algunas competencias las ejercieran solapadamente por ayuntamientos, diputaciones y gobiernos regional y nacional. En estos momentos de estrechez económica es imprescindible racionalizar al máximo de forma que se optimicen los recursos con el menor perjuicio para los servicios prestados al ciudadano.  Deberíamos poner en duda la utilidad de algunas administraciones como las diputaciones, por ejemplo, cuyas funciones pueden ser absorbidas por los gobiernos regionales.  O coordinar los servicios de algunos pequeños ayuntamientos a través de mancomunidades.  Deberíamos estudiar detenidamente la unificación de la cartera de servicios de todos los ciudadanos, independientemente de donde residan. Y también reconsiderar la pervivencia de estructuras del Estado (con directores, secretarios, funcionarios y edificios) vacías de contenido por carecer de competencias. Pero en ningún caso poner en tela de juicio la bondad de un Estado de las Regiones que ha tenido un protagonismo indudable en el bienestar del país.

En conclusión, no nos dejemos engañar con falsas aseveraciones. No permitamos que se justifiquen ajustes y recortes allí donde reside el bienestar de los ciudadanos (las CCAA) mientras se mantiene una estructura ineficaz y superflua en el Estado.  Sólo por poner un ejemplo:  el elevadísimo número de cambios en embajadas (embajadores, consejeros y agregados) supone un gasto que dobla el coste de prorrogar la ayuda de los 400 euros.  De forma que deberemos ser muy críticos con quienes hacen acusaciones falsas e interesadas y defender lo que tanto nos ha costado conseguir.

viernes, 13 de julio de 2012

ESPECIALIDAD, ECONOMIA


Maestra, especialidad, Economía. Médico, especialidad, Economía. Fontanero, especialidad, Economía. Panadera, especialidad, Economía. Pensionista, especialidad, Economía.

Todos nos estamos convirtiendo en especialistas en economía, aunque sea para decir que nada es lo que parece ni se puede entender. ¿Quién no está hoy en día pendiente de la prima de riesgo país, del interés de los bonos a diez años o del balance de las cuentas de los bancos?. Pero no estoy segura de que sea saludable. Cuando estas cuestiones no formaban parte de nuestro día a día ni siquiera muchos de nosotros sabíamos de su existencia vivíamos en una ignorancia feliz. No había  “puntos básicos” que afectaran a nuestro bolsillo ni nos obligaran a vivir en un continuo susto. ¡Ay, qué tiempos aquellos!.

Sin duda alguna los convulsos tiempos que estamos viviendo exigirán un estudio detenido por parte de economistas, sociólogos e historiadores. Y cuando lo veamos con suficiente distancia seguramente las conclusiones sean algo diferentes de las que podemos extraer hoy, metidos de lleno en el ojo del huracán.

Pero en principio hay cosas que no se dicen con claridad y otras que dicen no están tan claras. No es sólo un juego de palabras.

Revisando los números fríos y objetivos podemos concluir varias cosas:

·        La crisis se mostró evidente a partir de 2007: los ingresos, que no habían dejado de crecer desde 1985 cayeron drásticamente a partir de ese año con un leve repunte en 2010.
·        Esa caída de ingresos se debió básicamente al pinchazo de la burbuja inmobiliaria que hasta entonces había llenado las arcas de ayuntamientos, gobiernos regionales y Estado; y había sido la locomotora de empresas relacionadas con la construcción (cocinas, baños, cerámicas, puertas, muebles, transporte...). Los bancos concedía créditos a promotores, empresas y particulares sin ninguna traba.
·        La caída de la producción de esas empresas y de la construcción abrió el grifo de los despidos y del paro. Por tanto también se redujeron los ingresos por impuestos (IRPF, IVA e Impuesto de Sociedades) y se incrementaron las cargas sociales por desempleo.
·        Esa caída de ingresos no se correspondió en el tiempo con una reducción de los gastos que no empezaron a controlarse efectivamente hasta 2009. Como consecuencia, comenzaron  a crecer el déficit y la deuda.
·        Esa deuda estaba en manos fundamentalmente extranjera (57% de la deuda de la administración central).
·        La evolución negativa de los indicadores económicos de España dañó la imagen y la confianza en el país. Por tanto comenzaron a subir los intereses por adquisición de deuda española en la emisión y en los mercados secundarios.
·        España partía de unos porcentajes de deuda/PIB (lo que se debe respecto a la riqueza que se genera) menores que Europa: España cerró 2011 con un 68%; Alemania un 81%, Reino Unido un 85%. Pero en cambio pagamos unos intereses mucho más altos.
·        La recesión se ha instalado en el país: aunque reducimos los gastos, los ingresos siguen bajando y los intereses cada vez se llevan mayor tajada. Por consiguiente el déficit (ingresos frente a gastos por año) ha aumentado.

A todo eso hay que unir, cómo no, la situación de los bancos que llegados a esta situación se cargaron de viviendas, solares, promociones enteras con un valor muy por debajo de los créditos concedidos. ¿La solución?. Manipular los datos y los balances que ha tenido por resultado los agujeros, más bien boquetes que hoy tenemos que pagar todos.

Este es, “grosso modo”, de andar por casa, un análisis de la situación. Pero la cuestión nuclear del asunto es cómo salir de este círculo vicioso.

Todos los esfuerzos – y son muchos, casi insoportables- no parecen dar resultados ni a corto ni a medio plazo. La austeridad como receta puede ser necesaria pero sin duda no suficiente. Porque España necesita de forma inaplazable crear empleo; y no se crea empleo hasta que se crece al menos al 2%. Hoy por hoy crecer no está en el horizonte. La inversión pública no existe (la lucha con el déficit la ha aniquilado) y la inversión privada es imposible por la falta de confianza y de crédito.

En tal situación creo que alguien, ya no sé si en Madrid, en Bruselas, en Francfort, en Berlín o en la misma Marte debiera pensar que si estamos vinculados por Europa en el euro lo estamos para lo bueno y para lo malo. Y que ir a peor en un país como España tampoco puede ser bueno para el resto de socios. Alguien en algún lugar del orbe debe pensar que no es razonable que para crear empleo deba destruirse; que para fomentar el consumo se deje a la gente sin recursos; que para tener capacidad de pago se genere cada día menos riqueza.

Igual es que yo no soy especialista en economía. Pero todo esto visto a la altura de la calle merece al menos una repensada. Antes de que sea demasiado tarde.

sábado, 12 de mayo de 2012

INCERTIDUMBRE ES LA PALABRA

Si hay algo que caracteriza el tiempo que vivimos es la "incertidumbre". Nada es cierto, nada es seguro,  nada tenemos garantizado. Parece que eso esta en la esencia misma del ser humano. Nadie, rico o pobre, blanco o negro, joven o viejo, sabe si seguirá viviendo mañana o dentro de cinco minutos. Pero esa es una incertidumbre individual y natural que tenemos interiorizada desde que el hombre es hombre. Vivimos con ella. Pero también desde que el hombre es hombre todo su esfuerzo ha ido encaminado a vivir mejor; a asegurarse el sustento, la comida, el avance, el progreso, el bienestar olvidando esa inseguridad.

Ahora vivimos una incertidumbre colectiva. Desde hace un tiempo todo ha dado la vuelta como en la ráfaga de un huracán. Los funcionarios cobran menos y trabajan más. De una semana a otra pasamos a pagar más por la energía, la gasolina, las basuras... pagamos más por el consumo  después de retenernos más por nuestra renta.  Incertidumbre colectiva. 

Desde hace tiempo hemos dejado de ser un país con un sistema sanitario envidiable: desconocemos cuánto más tendremos que pagar por lo que ya  hemos pagado; si podrán atendernos cómo y cuánto necesitamos porque son menos para atender....La enseñanza ha dejado de ser la niña bonita. Volvemos a épocas pasadas en las que solo había tiempo para el que sabe, el que entiende, el que puede. Y  los pensionistas....¡Ay, los jubilados! Adiós a las recetas rojas, y se reparten residentes  como cartas de una baraja para hacer caja con el solar.  Incertidumbre colectiva. 

Desde hace un tiempo no somos de fiar. No podemos pedir porque no nos dan. Y el coste de lo que nos dieron engorda al ritmo de algunos bolsillos ávidos de más y más. Ya nada es igual. Todo ha cambiado de la noche a la mañana sin darnos tiempo a modificar el ritmo de la respiración. Lo que hoy parece impensable mañana es una realidad a la que tenemos que adaptarnos a toda velocidad.  Y entre tanto las cifras del paro siguen creciendo imparables, dramáticas entre los jóvenes sin ninguna esperanza. Incertidumbre colectiva. 

¿Que necesitamos? . Necesitamos levantarnos porque estamos en cuclillas. Necesitamos oxigeno porque hemos perdido el aliento ante un esfuerzo cada vez mayor. Necesitamos alguien que nos diga lo que debemos y podemos hacer y no lo que no supimos hacer. Necesitamos que se reparta la culpa en la justa proporción. Y en la justa proporción el daño.  Necesitamos alguien con energía, que no se esconda; con convicción que no se doblegue; con sabiduría, que no vacile; con seguridad, que no fantasee; con valor, que no se excuse; con sensibilidad que comprenda; con tolerancia que no imponga.... ¿alguien enérgico, seguro, valiente, sensible, justo está dándonos aire para respirar, impulso para levantarnos?. Incertidumbre colectiva.

Necesitamos un milagro.  Pero entre tanta  incertidumbre me queda una certeza.  Los milagros existen si sabemos lo que queremos y luchamos sin desánimo.

jueves, 8 de marzo de 2012

EL ANDAR DE LOS CANGREJOS





Hace apenas unas semanas el Secretario General de Caritas España daba a conocer las cifras de la pobreza en nuestro país. En torno al 22 % de la población española vive hoy por debajo del umbral de la pobreza. Un dato demoledor que nos pone ante una situación dramática. Son más de un millón de personas, con sus nombres y apellidos que tienen serias dificultades para subsistir.

Pero lo que convierte a este dato en más injusto es otra cifra situada en el lado opuesto: la venta de productos y servicios de lujo que ha crecido en un porcentaje muy parecido al anterior, el 20% .

La pobreza compartida no es menos pobreza, sin duda. Pero es más llamativo si cabe que se produzcan esos dos hechos tan divergentes al mismo tiempo. En el mismo país, el mismo año están conviviendo dos mundos cada día más dispares.

No hace más tres años vivíamos en una euforía de bienestar general donde el Estado nos garantizaba cualquier necesidad; la economía crecía boyante y nuestro país se había convertido en un paraíso con el que soñaban los abandonados del mundo y al que llegaban para convertir en realidad su futuro. Mientras los nacionales no dábamos un paso ni movíamos un dedo si no nos resultaba suficientemente rentable mientras disfrutábamos del consumismo más voraz. Era algo parecido a una inconsciencia colectiva .

Pero entonces cayó Lehmans Brothers; estalló la burbuja inmobiliaria; lo que gastaba e invertía la administración se convirtió en un derroche insostenible; llegó la deuda, el déficit, la mano de hierro de Merkel, de los mercados prestamistas inflexibles y.... ¡todo se acabó!.

En realidad dicen que nada se crea ni se destruye, sólo se transforma. Pero la transformación ha cambiado demasiadas cosas para mal. Para mal de la mayoría. Esa masa de caras indefinidas que ha perdido su trabajo, ha perdido su vivienda y ha perdido su esperanza. Y eso ocurre ante los ojos indiferentes de los que tienen pensiones desorbitadas, roban el dinero público, trafican con influencias y especulan sin conciencia buscando oro sin moverse del sillón.

No podemos ver todo esto sin darnos cuenta de que es una revolución. pero no de masas. Las masas están paralizadas por el shock, por la incredulidad y por el pánico. Es la revolución de la levadura. Una pizca que antes infló la burbuja y ahora infla los intereses de la deuda soberana, maneja, quita y pone gobiernos.

Hemos pasado del aburguesamiento del proletariado a la proletarización de la burguesía. La clase media se ha diluído como un azucarillo en el café y ahora sólo puede pensar en sobrevivir mientras se pregunta cómo se ha podido llegar a ésto; quién lo empezó todo; cómo se reparte la culpa y sobre todo cuándo terminará la pesadilla.

Lo peor es que el eco de todas esas preguntas viaja de pared en pared sin respuestas y acaso si alguien las conoce está arriba en los pisos altos de un rascacielos ajeno a todo. La inmovilidad y la resignación han ganado la batalla......¿por el momento?

viernes, 25 de noviembre de 2011

EL DERECHO A PENSAR DIFERENTE


Reclamo mi derecho a pensar diferente. Parece una obviedad. Como derecho, lo tengo reconocido constitucionalmente desde hace más de treinta años. Sin embargo con este derecho ocurre como con el de la igualdad de géneros. Nadie lo pone en tela de juicio pero aún las mujeres cobramos menos por el mismo trabajo, tenemos menor presencia en puestos de responsabilidad, llevamos la carga doméstica....

No es ocioso lo que digo porque últimamente prima la homogeneidad, prima lo monocromo que se expande como una epidemia, como una fuerza centrípeta irresistible. Y algunos nos rebelamos. Y los que nos resistimos a esa corriente nos colocan en un "limbo". Se nos niega la utilidad, la posibilidad de tener entidad propia, convicciones sinceras y reales.

Por eso reclamo mi derecho a disentir, a estar unas veces a favor y otras no. A estar de acuerdo con unos y también con otros sin cometer por ello delito ideológico. Reclamo mi derecho a tener ese sitio equidistante de muchos y coincidente de muchos también. Me niego a pensar lo que me dicten los dioses de la comunicación todopoderosa. Me niego al maniqueísmo, a la alternancia sin alternativa. Me niego a volver a la Restauración y quiero un siglo XXI más abierto, sin fronteras políticas ni mentales. Sólo el reino del pensamiento libre en libertad.Y reclamo que nadie me sustraiga ese derecho, ni me condene al ostracismo por ello.

Y es que corren malos tiempos para los diferentes.


jueves, 10 de noviembre de 2011

ESCRITO EL 11/05/10 ¿QUÉ HA CAMBIADO?


EL “COMERCIO JUSTO” Y LOS “MERCADOS INJUSTOS”

Este fin de semana se han celebrado los días internacionales: El día internacional del “comercio justo” y el de “Europa”.

Esto de los días internacionales no creo que tenga más relevancia ni más trascendencia que la de lograr algunas líneas o algunos minutos en los medios de comunicación. Una fórmula que haga meditar sobre un problema, un hecho o un colectivo específico como una llamada de atención a la sociedad.

Pero no deja de llamarme la atención la coincidencia de estas dos celebraciones en el mismo fin de semana, cuando se reclama la extensión del “comercio justo” y el día de “Europa” como un presente sólido del viejo continente.

En el comercio justo lo que entra en juego en muchos casos es la supervivencia de pequeños productores que están sometidos al proteccionismo de muchos países y a los inmensos intereses comerciales de los grandes intermediarios.

Europa, por su parte, lleva años, décadas, forjándose como un proyecto colectivo de países desarrollados, con economías sólidas, ejemplo de democracia y de capitalismo bien engrasado al que se han ido vinculando otros países para hacer una Europa más grande, más solidaria y más fuerte.

La globalización en la que casi sin apreciarlo nos hemos visto inmersos ha influido en algunos aspectos positivamente en ambos: los países pobres y Europa. Pero también ha incidido negativamente, convirtiendo a Europa en objetivo rapaz de los mercados financieros y haciendo más necesario que nunca el comercio justo como gesto de solidaridad con los más desprotegidos.

Por otro lado, la crisis económica ha agudizado las diferencias entre el primer y el tercer mundo. Pero lo más interesante, en mi opinión, que ha revelado últimamente es que esa dicotomía entre los que manejan la economía mundial y los manejados es diferente de la que los europeos creíamos. En los mercados financieros se controlan las economías, se mueven las grandes fortunas de Este a Oeste en los parquets del planeta. Incluso, como se ha visto estos últimos días, se deciden la fiabilidad y la viabilidad de las deudas públicas y en definitiva de los países.

Los últimos acontecimientos han dejado patente que también la vieja Europa se puede ver manipulada por los mercados (financieros) a su antojo. Las empresas de “rating”, la rumorología, los especuladores, pueden hacer a Europa tan vulnerable como los pequeños productores de café, de azúcar o de maíz, que luchan por su “comercio justo”. Paradójicamente las mismas

compañías y especuladores que hace unos meses abocaron al mundo a una crisis sin precedentes; las mismas compañías y especuladores a los que tuvieron que salvar de la hecatombe los mismos Estados, es decir, los ciudadanos que hoy ponen en “solfa”.

Cada vez parece más razonable la idea de que debemos poner freno definitivamente a los mercados financieros especuladores. Hoy deberíamos convocarnos todos a celebrar el “Día Internacional de los mercados justos”.

lunes, 19 de septiembre de 2011

AUTOCTONISMO VERSUS INTERNACIONALIZACIÓN


La semana pasada desfilaron por el Parlamento cada uno de los Consejeros del Gobierno para presentar las líneas maestras de su política, de su proyecto para la legislatura. A medida que iban pasando los días y los Consejeros se iba apagando la exigua esperanza que me quedaba de oír algo concreto e ilusionante. Unos con mejor estilo, otros con más tablas, pero ninguno abandonó San Rafael destacando un futuro esclarecedor y sin la coletilla de la “herencia recibida”.

El viernes, el último, el Sr Serna me puso el vello de punta. Aquello de “apartarnos del autoctonismo” resonó en mi cabeza como un trueno. “Apartarnos del autoctonismo”. Sin duda no me sorprende de él como no me hubiera sorprendido de ningún otro que hubiera sido nombrado porque ese “somos regionalistas como el que más” de Diego nunca fue ni sentido ni sincero; fue un gesto de marketing, como tantos, para arañar votos de aquí y de allá. Pero aunque lo temiera, oírlo expresamente fue impactante.

Lo peor sin duda es la interpretación que ellos (los del PP) hacen del autoctonismo. Ellos lo entienden como olor a boñiga, pueblo y paletos con albarcas. Y la interpretación que nosotros hacemos del “apartarse”, es decir, ni un euro.

Pues mal, muy mal; muy pacata su interpretación. Debían preguntarnos a nosotros, a los regionalistas, que de esto sabemos un poco. Autoctonismo son las tradiciones, las de los pueblos y las de las ciudades; el bolo palma y las traineras; el queso de Tresviso y el pescado del Barrio Pesquero. Autoctonismo es conservar los trajes regionales y los baños de Ola; el baile del Pericote y los cursos de la UIMP; la Virgen de la Luz y la Virgen del Mar; un Festival de Folk o el FIS. Porque todos somos cántabros, todos tenemos tradiciones y todos las amamos....¿o no? ¿o depende de qué tradiciones o de qué fiestas o, sobre todo de dónde?. Pues mal, muy mal.

Pero la frase tenía una segunda parte: “la internacionalización”. Así de rotundo. Pues bien, muy bien. Tan bien nos parece que los regionalistas hemos propugnado y hemos trabajado por la internacionalización. Tenemos nueve cuevas más Patrimonio de la Humanidad. Se han apoyando deportes individuales y de equipo que han llevado a “Cantabria Infinita” (a lo que parece en peligro) muy lejos de nuestras fronteras. En Cantabria tendremos (si no se cruza nadie por medio) una nueva sede de Colegios del Mundo Unido y el Título del Español que acreditará a los profesores de nuestra lengua en todos los continentes. Los cántabros no tenemos que desplazarnos a otras regiones para viajar a Europa, y “Santander” aparece en las pantallas de aeropuertos de Francia, Italia, Alemania, Reino Unido, Bélgica. ¿Se puede pedir mayor internacionalización?. ¿No sabe el que fuera Vicerrector que tenemos una Universidad Campus Internacional de Excelencia?. Todo esto ya lo tenemos en Cantabria. El Sr. Serna se lo ha encontrado hecho.

Así que le agradecemos mucho la intención al Sr Consejero e incluso la compartimos, pero llega tarde. Todo eso de la internacionalización ya lo hicimos nosotros. Y lo hicimos defendiendo el autoctonismo, que no es incompatible. Antes al contrario: mal se puede vender fuera lo que se desconoce dentro. Más pareciera que el Sr. Serna se avergonzara de algunos de nuestros paisanos, muchos de ellos quizás votantes suyos, y prefiriera seguir siendo responsable de la Cultura y el Deporte sin saber qué es un emboque o sin cantar “soy de Potes” emocionado. Nosotros preferimos explicar en inglés cómo se birla o de dónde es originario el sobao, Porque al contrario de lo que defiende el Sr Serna y los suyos nosotros estamos convencidos de que debemos tener muy presente quienes somos y defender lo nuestro fuera de Cantabria orgullosos de esta pequeña tierra.