
La rutina nos envuelve y nos protege. Nos evita el caos y nos ayuda en la constancia del día a día. Convierte en normal todo lo que cotidianamente nos acontece. Sin embargo cuando esa linea plana se rompe nos despierta del letargo. Unas veces para ver lo frágil de nuestra existencia, sufriendo cuando las contrariedades, los problemas aparecen y se instalan en nuestro entorno. Otras veces para llenarnos de entusiasmo, de ilusión, sintiendo las chispitas de felicidad que nos inundan y nos impulsan a sonreir levemente o reir a carcajadas.
La mayoría de las veces, tanto en un sentido como en otro, intervienen muchos factores ajenos a nuestra propia voluntad. . Pero siempre podemos hacer algo cada día para que en la línea de nuestra vida surja un pico, como en la pantalla del encefalograma. Un sobresalto de esos que haga recordar lo mucho que amamos, lo especial de un recuerdo fresco en nuestra memoria, el agradecimiento por un buen gesto. Y no nos cuesta apenas nada pero es muy valioso; sólo necesitamos darnos cuenta de ello....y hacerlo: una nota bajo la almohada; un abrazo caluroso, una caricia en el pelo. Los que nos quieren necesitan saber que los queremos. Y nosotros sentirnos queridos. Mantener viva la llama.



