lunes, 16 de noviembre de 2009

VOLVER A ORTEGA HOY


La borrascosa y convulsa situación que está viviendo últimamente el partido de la oposición está preocupando seriamente a sus militantes, simpatizantes y votantes. Pero en realidad debe inquietarnos a todos, al resto de ciudadanos y a los miembros de otros partidos políticos.

Llevamos meses tomándonos el primer café con nuevos detalles y más nombres de personajes presuntamente vinculados a una tramas corruptas. Y sucede especialmente en las Comunidades donde éste es más fuerte y su poder más sólido. Curiosamente, se produce en las mismas donde órdagos y rebeldías (no sé si insurrecciones) se suceden un día sí y otro también. Baleares, Valencia, Madrid.

Por supuesto que un partido nacional no puede admitir los abusos centrífugos de los líderes territoriales, dejando en entredicho a la cúpula nacional. Eso enturbia la imagen de unidad del partido y ensombrece sus posibilidades de aspirar al poder. Pero parece claro que es más grave, al menos éticamente, que cuando se está en el poder se haga un uso ilégitimo del mismo en beneficio de los propios intereses. Y esto está sucediendo en otros partidos, en Ayuntamientos, Comunidades. Estos desmanes se ha infiltrado en la vida política a todos los niveles.

Y eso sí que debe inquietarnos.

Debe inquietarnos que los últimos datos hechos públicos por el CIS la clase política se encuentre en el cuarto lugar de los problemas que preocupan a los españoles. ¡¡Un problema!!. . Se supone que los políticos han de ser los gerentes de las soluciones y nunca el problema. Definitivamente debemos inquietarnos

Sinceramente no creo que este pésimo concepto que los ciudadanos tienen de su clase política (toda) sea ajeno a los conflictos del Partido Popular. Pero no sólo al Partido Popular. La decepción y la frustración que refleja esta encuesta debe hacernos reflexionar seriamente a todos. No debemos quedarnos sólo en la inquietud y debemos dar un paso más.

Salvando las distancias, qué lejos pero qué cerca nos queda aquello del “regeneracionismo” de los siglos XIX y especialmente XX. Debemos meditar con honestidad sobre el verdadero sentido del servicio público y corregir la deriva.

viernes, 9 de octubre de 2009

CUANDO ERAMOS RICOS


Los últimos años para España, antes de la manida crisis, fueron buenos tiempos para la gran mayoría, y magníficos para algunos. Nuestro país crecía por encima del resto de Europa, a un ritmo desconocido hasta entonces; teníamos unos niveles de empleo que permitían que los españoles eligiéramos los puestos y fueran los emigrantes, que comenzaron a llegar a borbotones, quienes hicieran el “trabajo sucio”. El Estado disfrutaba de unas cuentas saneadas y se podía permitir ejercer con generosidad lo de el “Estado del Bienestar”.

Y llegó el año 2.008 en que todo comenzó a caer como un gran castillo de naipes. La “burbuja inmobiliaria”, de la que todos hablábamos pero en la que todos soplábamos para seguir inflando comenzó a perder aire.

Siendo justos, deberíamos reconocer que el sector de la construcción tiene su cara y su cruz. Ciertamente éste tiene un enorme efecto multiplicador sobre otros: materiales de construcción, mobiliario, electrodomésticos, transporte....y permite el crecimiento de la recaudación de las administraciones (local, regional y nacional). Por tanto, hay que concederle la importancia que tiene y dejar de demonizarlo.

Sin embargo, haciendo un sencillo análisis de lo que ha sucedido en nuestro país, sin necesidad de recurrir a sesudos expertos, todos podemos ver que los empleos generados en este sector son eminentemente frágiles, muy lejos de la solidez del sector industrial en el que nos ganan por goleada en Europa; y que la ambición por el enriquecimiento fácil y rápido plagó el sector de especuladores y arribistas.

En conclusión, llegamos al día de hoy en que la caída de la construcción (simplificando el asunto) ha generado una cascada de males en nuestra economía. Y el Estado, paternal, que ofrecía cada vez más y más cobertura social y servicios públicos gratuitos, se encuentra ahora en serias dificultades para afrontar todos esos gastos.


A nadie le gusta pagar, ni directa ni indirectamente. Pero tenemos que ser consecuentes y cuando toca sacrificarnos porque nos va el bienestar del país en ello hay que hacerlo. Y además debemos hacerlo en la medida de las posibilidades de cada uno. Porque la justicia está en eso. La justicia y el deber. De otra forma, no queda otra que aceptar que el "todo gratis" ya no vale.

viernes, 11 de septiembre de 2009

LA EDUCACION: PUERTA ABIERTA AL FUTURO


La historia lo ha demostrado; no es un nuevo descubrimiento. Tan sólo el conocimiento y la educación permiten el avance del ser humano como individuo y como colectivo. En su momento permitió a los hombres diferenciarnos del resto de animales. Y la evolución de las sociedades siempre ha estado marcada por el conocimiento. La educación es un derecho del ciudadano y al tiempo una obligación de la sociedad que quiere avanzar.

Los pueblos que quieran salir de la pobreza y el atraso sólo podrán hacerlo cuando todos sus pobladores tengan acceso a la educación, a una educación básica, que les permita aspirar y luchar por algo más que no sea la simple supervivencia.

Y los países avanzados debemos orientar nuestros esfuerzos a una segunda fase del conocimiento que nos haga ver la ineludible necesidad de defender un progreso racional y sostenible. Aquel que sólo puede darse sin destruir nuestra casa, sin abocarla a un deterioro irreversible.

En cualquier caso, tanto en los países desarrollados como en los que sufren la pobreza es imprescindible el sincero compromiso de los gobernantes, sin ataduras de otros intereses que no sean los que lleven al bien común. Pero también es igualmente necesaria la implicación de cada ciudadano en su vida cotidiana; que no nos escudemos en la exclusiva responsabilidad de los poderosos. Porque el verdadero poder es el conocimiento.

jueves, 25 de junio de 2009

MAS POBREZA


Cáritas acaba de hacer público un informe terrible, espeluznante, sobrecogedor. Casi 600.000 personas en España viven de la caridad, sin ningún tipo de ingresos.

No hace mucho nos sentíamos tan orgullosos de ser "ricos" que resulta más duro, si cabe, saber que tan cerca de nosotros malviven compatriotas (o no), amaneciendo cada día sin esperanza y con la angustia de depender tan sólo de la generosidad de otros. Un túnel sin luz, donde sólo hay lágrimas.

¿Qué podemos hacer? ¿Esperar que sean los gobernantes quienes den soluciones?. Sin duda deben hacerlo. Pero cada uno de nosotros, independientemente de la responsabilidad social que nos corresponda, tenemos una responsabilidad humana. En muchas ocasiones es tan sólo el destino o la fatalidad la que nos puede abocar a situaciones dramáticas sin que nada que dependa de nosotros pueda evitarlo. Y en esa ruleta estamos todos. Por tanto, todos debemos colaborar para paliar, aunque sólo sea un poco, esa humillante situación. Únicamente es solidaridad y justicia. Como lo entendió Vicente Ferrer

martes, 5 de mayo de 2009

LA FAMILIA


Ahora estamos viviendo un momento convulso, de cambios y transformaciones en el concepto de "familia". Como siempre hay de todo, quienes los aceptan e incluso los valoran; y también quienes no transigen en ellos y consideran la familia como una célula social inmutable.

Sin embargo creo que pocas cosas son realmente inamovibles en su concepto. Como tampoco son buenas o malas en sí mismas, sino que dependen de cómo los humanos las vivimos o las ejercemos.

La familia como unidad social con padre, madre e hijos ha sido la forma tradicional y natural. Sin embargo hoy en día hay otros tipos de familia en cuyo seno se desarrolla una convivencia perfectamente sana. Porque finalmente lo que cuenta es que los miembros de una familia estén vinculados por el amor, el cariño, la generosidad y la entrega dentro del marco de la libertad y el respeto. Y estas virtudes no necesariamente se dan con exclusividad en una familia con componentes tradicionales.

Cada día vemos en los medios de comunicación dramas familiares en que está presente la violencia. Por desgracia ésta se produce también en ambientes tradicionales, lo que demuestra que la estructura de la familia tradicional no garantiza esos valores que deben presidir el vínculo familiar.

En cualquier caso todos necesitamos de la familia porque, por suerte, en la gran mayoría de los casos es donde encontramos apoyo, cobijo, consuelo, afecto, comprensión. Todo lo que el ser humano necesita para sentirse querido y, por tanto, para ser feliz.

jueves, 15 de enero de 2009


Cuántos millones habitamos hoy la Tierra....¿seis mil millones?. Cada segundo que pasa nacen y mueren seres en cada rincón del planeta. Y cuando sólo somos un número resulta frío, casi intrascendente.

Pero, sin embargo, cada uno de nosotros llevamos una historia detrás, con nuestras ilusiones, nuestros problemas, nuestros proyectos y nuestros sentimientos. Irrepetibles cada uno y al tiempo con tantas cosas en común como común es nuestro código genético.

Porque desde que el humano empezó a ser más que un animal, se ha movido por los mismos instintos: la supervivencia, el amor-odio, la ambición, el poder...aunque al tiempo hayamos ido sofisticando nuestros comportamientos.

¿Llegará algún día en que esa sofisticación nos aparte definitivamente de lo más deplorable y ancestral de nosotros?.

jueves, 8 de enero de 2009

NUEVO AÑO


No es que sean diferentes los días; Es una mera convención eso de que el 1 de Enero empiece un año, nos deseemos todos Felicidad, Fortuna y Amor y nos hagamos buenos propósitos para incumplirlos sistemáticamente.


Sin embargo a todos, o casi todos, nos hace reflexionar sobre el paso del tiempo, más rápido a medida que envejecemos. Los días del calendario pasan inexorablemente; las estaciones se suceden y apenas han caído las hojas de los árboles, vuelven a verse los nuevos brotes.


Y cada año, como siempre, puede ser bueno y malo, incluso regular, según para quién. Este año habrá muchos "quienes" para los que, en general, las expectativas no son buenas.


Mi deseo más ferviente es que no sea así. Ahora más que nunca debemos esforzarnos por ver la botella "medio llena", o al menos intentar rellenar lo que falta para mediarla